Esta tarde en el trabajo ha muerto un compañero. Parecía un desmayo. Tan habitual es que alguien se desmaye que no le hemos dado ni importancia. Al poco rato han llegado los rumores de que había sido un infarto o un ictus”. En Vícar (Almería) Juana (nombre ficticio de una trabajadora del envasado por temor a las represalias) narra a Público la trágica jornada laboral de hace apenas unas semanas. Como envasadora de un almacén había presenciado la muerte de uno de sus compañeros que permaneció de cuerpo presente durante horas frente al puesto de trabajo. Había muerto delante de la línea de producción. La dura realidad de estas mujeres se destapa poco a poco en la aislada provincia de Almería.

Juana continúa la historia. “Nadie podía creerlo. La máquina seguía vomitando tomates a toda velocidad. La música era ensordecedora por encima del ruido del almacén… nada había cambiado… nada hacía creer que un muchacho joven acababa de morir en su puesto de trabajo apenas unos metros más allá. No me explico cómo hemos podido seguir trabajando entre llantos y susurros”.

La provincia de Almería es potencia mundial en el cultivo intensivo de frutas y hortalizas a través de la cosecha en invernaderos. “Lo que no cuentan de esta realidad es cómo el mantenimiento de esta industria alimentaria se sostiene a través de la humillación laboral y la connivencia con la burguesía local”, destaca a Público José García Cuevas, portavoz del SAT en Almería, a nivel provincial.

Un colectivo de 20.000 mujeres de cientos de nacionalidades

El colectivo de envasadoras en Almería agrupa a casi 20.000 mujeres que soportan situaciones de absoluta precariedad y humillación. Y no solo “vulneran el convenio”, también atenta contra la dignidad humana de estas miles de mujeres de cientos de nacionalidades que, en muchos casos, permanecen en pie más horas de lo permitido en jornadas que superan los dos turnos.

Llave para ir al wc. Publicación en redes de una de las envasadoras de empresa de La Unión


Las envasadoras realizan movimientos repetitivos. Están exhaustas, sin fuerzas para luchar por 
una realidad que lleva demasiado tiempo oculta. Los encargados van exigiendo con gritos más velocidad en cada hora, en cada jornada delante de la línea con pequeños descansos y una eventualidad altísima en este sector. “En Almería es muy usual la figura del trabajador fijo discontinuo. Te llaman para una campaña durante varios meses y a la tercera ya no vuelven a contar contigo para no hacerte fijo porque el convenio así lo exige”, aclara José como responsable del SAT ante la visita continuada de muchos de estos almacenes en las últimas semanas.

Carmen Martínez, enlace de organización provincial de Podemos en Almería recuerda cómo ha sufrido en primera persona estas injustas condiciones cuando en alguna que otra temporada se ha dedicado a los almacenes. “Este es un sector de trabajo duro, marcado por la temporalidad y la estacionalidad. Ligado al sector agrícola pero con características industriales. Se parece más al trabajo en una fábrica”. Las últimas reformas laborales han ahondado en la precariedad de la población que accede a este trabajo en condiciones “muy por debajo del convenio” sin que se puedan negar a echar horas extras o a trabajar en festivos.

García Cuevas apunta desde el SAT como el convenio, fijado en seis euros con cincuenta la hora muestra una realidad muy diferente. Las trabajadoras no logran concederles ni cinco euros por horas en muchos de los centros de trabajo. “Aunque la empresas sean BIO y estén dentro de la denominada Responsabilidad Social Corporativa tampoco lo cumplen”, aclara el responsable sindical.

Carmen Martínez puntualiza que hay otra serie de cuestiones que se han ido normalizando en el sector, que “te griten o que en los almacenes buenos gritan poco”. Hay normas no escritas como "no ir demasiadas veces al baño o a beber agua, no negarse a trabajar en festivo, no pedir los días que corresponden de asuntos propios, no preguntar por la reducción de jornada por cuidado de hijos y hacer regalos a las encargadas o jefas de línea para caerles bien. Además de estar 15 minutos antes en tu puesto de trabajo y quedarte recogiendo después de fichar" . Las trabajadoras saben lo qué ocurre si se enfrentan. “Si no cumples esta norma puedes estar despedida o provocar que no te llamen otra campaña ya que sus contratos temporales las ponen a merced del contratador”.

La lucha de Podemos contra el trato vejatorio de las envasadoras

Cada cierto tiempo se destapan escándalos en el sector. En los últimos años de forma más evidente. Despidos improcedentes, accidentes laborales, trabajadoras que se ponen en huelga o denuncian a una determinada empresa, alguien que se atreve a contar su historia diaria por las redes sociales como ha sido el caso de muchas de ellas. Carmen señala que “la respuesta habitual de las administraciones es que son casos aislados y se escudan en que la mayoría del sector cumple el convenio”. La realidad es otra. Estos casos son solo la punta del iceberg de un maltrato generalizado y asumido como normal por trabajadoras y empleadores, aunque solo salgan a la luz los casos más graves. “Existe un gran miedo a denunciar por la falta de alternativas de empleo”, apunta desde Podemos Almería.



A Carmen le llegó el otro día una imagen demoledora de uno de los perfiles personales de una envasadora. La imagen estaba realizada en la Nave Alhóndiga La Unión, situada en el polígono Primores. La joven comentaba en su perfil de Facebook “¿Qué opináis de esto? Humillar a las trabajadoras con una llave de cartón gigante y una cuerda llena de mierda para colgártela si quieres ir al baño”. Esta envasadora denunciaba en redes cómo en una línea de 30 y 40 mujeres te obligan a pedir la vez sino quieres “mearte encima”. Esta empresa, una de las más importantes del sector, obliga a las envasadoras a “colgarse la llave gigante inventada por las jefas para humillar a las trabajadoras”. Por un derecho básico, ir al servicio. Además, la mujer alertaba a los sindicatos sobre su jornada laboral hasta las cinco de la mañana a ritmo de máquina y chillidos.


Podemos Almería ha puesto de relieve la situación en el sector poniendo en marcha un grupo de trabajo. Los objetivos: visibilizar, denunciar, fomentar la auto-organización y apoyo sindical y actuar a nivel parlamentario. La parlamentaria Mari García, portavoz de agricultura en la comunidad, se reunió con trabajadoras del sector y sindicatos y, como primeras medidas, ha propuesto aumentar y mejorar la eficacia de las inspecciones de trabajo, reconocer las patologías asociadas de las envasadoras que padecen como enfermedades laborales así como retirar subvenciones a las empresas que están incumpliendo el convenio o que se demuestre trato vejatorio a sus trabajadoras.
Carmen señala que hay dos grupos de trabajadoras en el envasado. “El 70% son eventuales y el otro treinta pertenecen a personal fijo que intentan destruir poco a poco”. El miedo entre el colectivo es más que latente y la idea de dar su testimonio alerta a muchas de estas mujeres.

“Es muy duro encontrarte que no tienes un sitio después de 17 años en el almacén”

Mercedes (nombre ficticio) es una de las más “afortunadas”. Tiene contrato laboral en una de las grandes envasadoras que monopolizan el mercado. A pesar de que lleva fija 17 años, en los últimos tiempos ha visto como despiden a otras compañeras y las acosan para que se vayan. A ella también por reclamar el cumplimiento de un convenio justo.

La jornada de Mercedes es pura rutina frente a las jefas de línea. “Yo llego y no sé dónde me incorporo, no estoy con un puesto asignado como el resto de mis compañeras sino que cada día me cambian de sitio. Es muy duro encontrarte que no tienes un hueco después de 17 años es agobiante y causa mucho estrés. Tan estresante que estoy deseando que llegue la hora de salida”.

Mercedes alerta del seguimiento que tiene en su día a día. “Si falto preguntan, si quiero ir al baño o si bebo agua. El maltrato de las jefas de línea ya se extiende hasta a sus ayudantes. Me han obligado a ponerme en un sitio en el que me enfermaba por las características. Así llevan muchos años porque doy quejas de otros maltratos a algunas compañeras o porque me pongo en desacuerdo con las normas absurdas a las que nos vemos sometidas”. Esa extrema vigilancia ha llevado a Mercedes a un colapso y a luchar con las reivindicaciones en el sector que se están realizando por parte de Podemos.

“El otro almacén me gustaba más. Gritaban menos”

El caso de Elisa (nombre ficticio) no es menos grave. Lleva más de ocho años trabajando para diversas empresas del sector de forma eventual. A Elisa solo la han llamado este año de un almacén que no le gusta mucho. Dice que “tiene mala fama”. Sin embargo, aclara que “ha tenido que cogerlo porque no puedo esperar más tiempo sin trabajar”. En la empresa del año pasado no la han llamado porque ya llevaba dos campañas. “Para no hacerme fija han dejado de contar conmigo porque si te llaman tres campañas seguidas pasas a ser fija. El otro almacén me gustaba más, gritaban menos”.

“Trabajar los festivos dependerá de si hay género o no. Pero no te puedes negar."
Sin turnos, sin conocer la hora de salida, Elisa sabe que sus derechos están por los suelos. También para sus compañeras fijas. “Los turnos nos lo dicen de un día para otro. Y tenemos que llegar un buen rato antes de la hora para que nos dé tiempo a ponernos la bata y estar 15 minutos antes en la línea”. En medio de la jornada todo es mucho peor “Hay mucho ruido y tienes que trabajar muy rápido porque si no se llena la cinta y hasta se caen los tomates. No quieren parar, están todo el rato metiéndonos prisa a voces”. Las jornadas puede eternizarse hasta las once horas sin cobrar los turnos extras a otro precio. “Trabajar los festivos dependerá de si hay género o no. Pero no te puedes negar. Además la bata y el gorro nos lo descuentan de la nómina, es una injusticia”.

Lo que más le duele a Elisa es cuando riñen públicamente a una de las mujeres por ir al baño “demasiadas” veces. “Acababa de entrar a trabajar ese día y además tenía la regla....la jefa le gritó en este trabajo vas a durar cuatro días, eres una floja”. A menudo nos grita “vaya grupo me ha tocado este año, no sabéis trabajar, hay que darle más a las manos”. Elisa no se explica “cómo soportamos a nuestra edad estas humillaciones. Son ya muchos años y he visto muchas cosas, aunque hay unos sitios mejores que otros parece que cada año nos tratan peor.