Rokovoko. Una isla muy lejana hacia el oeste y el sur. No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca. Hernan Melville.

lunes, 20 de abril de 2020

Eterna espera en Lesbos


Es una constante: cada vez que oye que ha llegado otra lancha cargada con migrantes a LesbosAlí va a verles las caras. Podrían ser ellos, piensa. Esta vez sí, seguro. Pero siempre, sin excepción, acaba volviendo desilusionado a su litera en el campo de refugiados de Moria. Sus padres no vienen.

Todo pasó hará algo menos de un año. "De golpe, a finales de verano, mi padre dijo que teníamos que escapar de Afganistán. Cuando yo tenía 13 años ya tuvimos que mudarnos a Kabul. No sé por qué nos escapamos. Él trabajaba de carpintero para extranjeros en la ciudad, así que creo que le amenazaron. Pero nunca me dijo qué pasó. Simplemente nos fuimos", explica Alí. Y añade que entonces, hace nueve o diez meses, lo abandonaron todo, empaquetaron cuanto pudieron , y su padre, su madre y él mismo escaparon en dirección a Europa.

El camino ya estaba marcado. Con la ayuda de traficantes, Alí y su familia tenían planeado salir de Afganistán a través de Pakistán y, a partir de ahí, pasar por Irán, Turquía, Grecia. Y luego, en dirección al norte de Europa. Pero todo se truncó en la frontera entre Pakistán e Irán. Allí, los traficantes pusieron a los padres de Alí en un coche y a él, en otro. El padre luchó, intentó llevárselo, lo agarró, discutió. Pero no pudo: al final, cruzaron la frontera en dos vehículos distintos —padres en uno, el hijo en otro— y con la promesa de los traficantes de que se reunirían sin problema en el otro lado. Que la separación era momentánea.

Les mintieron. "Estuve una semana en Irán, en casa de un traficante. Después, me mandaron a Turquía, y no los podía encontrar. Estuve un mes en Estambul, esperándoles. Pero nada. Tenía mucho miedo de la policía turca, así que al final pensé que en Grecia sería todo más fácil, que esto era el paraíso, que aquí podría esperarles sin problema y que me encontrarían nada más llegar. Pero aquí me di cuenta de que estaba solo. Y vi cómo nos obligan a vivir a los refugiados en Grecia. Vi Moria. El paraíso era en realidad el infierno", dice Alí.

Desamparado

El joven explica que al llegar, pese a tener 16 años, ir solo y no tener absolutamente nada, las autoridades griegas le dieron tan solo una manta, le indicaron dónde hacer la cola para obtener la comida diaria y le señalaron un trozo de tierra donde, si le apetecía, podría estirarse por las noches. Durmió dos semanas al raso y, tras conocer a gente en el campo, encontró una tienda donde lo acogieron. Allí pasó cuatro meses y ahora, desde hace dos, vive en la parte protegida para menores del campo de Moria.

Y allí, encerrado con otros cientos de menores más, sin poder salir del campo por culpa del coronavirus, espera y espera y espera. De momento no llegan. Ya no sabe ni si lo van a hacer.

Hacia Europa

Sin embargo, Alí podría tener algo de suerte ahora, porque desde hace un mes, la Unión Europea se ha comprometido a evacuar de los campos de las islas griegas a 1.600 menores no acompañados. Es decir, todos los que han llegado solos.

El acuerdo, que venía negociándose desde hace meses, se ha ralentizado por el coronavirus. Pero ya se ha puesto en marcha: de momento, esta semana, cuando las operaciones han empezado, han viajado 12 menores a Luxemburgo y 50 a Alemania; todos, de menos de 14 años.

Mientras tanto, Alí y cientos más esperan. "La verdad es que estamos todos muy nerviosos. No sabemos si se nos van a llevar o no. Nadie nos dice nada. Solo esperamos. Yo lo único que quiero es que me saquen de Moria. Que me lleven a un campo especial, o algo similar. A cualquier sitio menos aquí. Cada semana hay peleas, asesinatos. Matan a gente y nadie hace nada", dice Alí. Y añade que por culpa del virus y de que los 20.000 habitantes de Moria están encerrados, cada día la situación es peor y todo se vuelve más peligroso.

Falta de unanimidad

De momento, al proyecto de evacuación de menores solo se han sumado 10 de los 27 países de la UE. Son Bélgica, Bulgaria, Francia, Croacia, Finlandia, Alemania, Irlanda, Portugal, Luxemburgo y Lituania, además de Suiza, que aún no formar parte de la UE ha decidido ayudar. España no ha dicho nada.

"Ojalá alguien nos saque de aquí —pide Alí—. Solo quiero algo mejor que esto, poder tocar la guitarra y hacer fotos, que es lo que me gusta. A veces pienso… y no sé. Creo que mis padres decidieron irse de Afganistán por mí. Para que no viviese la guerra. Y ahora los he perdido". "Esto es muy difícil; pensar en esto es muy difícil. La Cruz Roja me ha dicho que los encontraré, pero no saben cuándo. Dicen que tardarán mucho tiempo. Que me dirán algo, pero creo que por el coronavirus ahora ya no trabajan. No sé qué voy a hacer", se lamenta.

elperiodico.com
Texto y foto Adrià Rocha Cutiller