Rokovoko. Una isla muy lejana hacia el oeste y el sur. No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca. Hernan Melville.
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martes, 15 de junio de 2021

¡No son suicidios, son asesinatos! stop desahucios


 

Ayer por la mañana, en el barrio de Sants de Barcelona, un hombre de 58 años se tiró por la ventana después de que la comitiva judicial llamase al timbre de su casa para desahuciarlo

Fruto de la desesperación, la víctima, viendo el inminente desalojo, decidió acabar con su vida. Esto pone en evidencia, una vez más, las insuficiencias de las supuestas medidas de protección de este Gobierno. Tanto la moratoria de los desahucios, como el papel de las administraciones y su falta de vivienda para dar respuesta a estas situaciones.

Una vez más, una muerte que podíamos haber evitado. Aprovechamos para denunciar el papel de muchos jueces, que optan por tomarse la ley por su mano, obviando los informes de vulnerabilidad redactados por profesionales acreditadas, para que los desahucios se hagan efectivos.

Desde la PAH exigimos una Ley de vivienda Estatal que acabe con la lacra de los desahucios de familias vulnerables, dando respuesta y soluciones reales: un alquiler social a las familias  vulnerables. La inacción del gobierno es una irresponsabilidad muy grave que tiene un impacto directo en la vida de los ciudadanos y ciudadanas a las que dicen servir. 

Para empezar:

  • Que se tramite y apruebe de manera urgente  una Ley de Vivienda que contemple los 8 puntos de la Iniciativa Ley Vivienda.
  • Que se amplíe, de manera urgente, la moratoria actual, hasta la aprobación de la nueva ley, de manera que no queden personas vulnerables sin protección.
  • Que el Gobierno de Pedro Sánchez retire inmediatamente todos los recursos a las leyes de vivienda autonómicas pendientes en el TC.

No solo no podemos consentir ni un desahucio más, tampoco podemos consentir ninguna muerte por culpa de no garantizar el derecho a la vivienda.

¡Basta ya de este despropósito! Hay vidas en juego y ha llegado la hora de poner soluciones.

Desde la PAH seguiremos trabajando para cambiar está situación. Mientras esto no pase, seguiremos construyendo comunidades en lucha, comunidades que se cuidan, y que transforman el dolor individual en fuerza colectiva.

Sabemos que son momentos duros, y queremos abrir las puertas de nuestro colectivo a todas las personas que se ven solas frente a una orden de desahucio. Sabemos que juntas, y con amor y lucha, podemos salir hacia delante.

jueves, 14 de mayo de 2020

Miles de pobres súbitos por el coronavirus desbordan los bancos de alimentos

Virginia recoge la comida que le dispensa el Banco de Alimentos en la calle de Bolívia, en Barcelona / ferran nadeu

"¿Cuánto tiempo podemos aguantar así?", se preguntan Jesús, Manuel y Angélica, mientras esperan su turno en el reparto de comida que ofrece el banco de alimentos en la calle de Tarragona, en Barcelona. De la noche a la mañana han perdido su empleo, aún no han cobrado ninguna prestación y temen verse en la calle por no poder pagar las habitaciones que realquilan. Como ellos, en la pandemia, miles y miles de catalanes alargan cada día las colas ante los comedores sociales, entidades o redes vecinales para tener algo de comer.

 La pregunta que se hacen ellos tres también se la repiten el Banc dels Aliments y la Creu Roja, los dos grandes proveedores de alimentos a las entidades sociales. El presidente del Banc dels Aliments de Catalunya, Lluís Fatjó, es consciente de que el banco, que ahora recibe el 40% más de demanda de víveres, no está llegando a todas las peticiones que les hacen llegar las entidades sociales. Y cada semana que pasa, 10.000 personas más llaman a las puertas de la Creu Roja pidiendo comida.

Sin prestación

Antes de que estallara la pandemia, Manuel trabajaba limpiando aviones en el aeropuerto de El Prat. "El contrato terminó, y aún no he cobrado ninguna prestación, por eso estoy aquí", explica. Él vive en una habitación por la que paga 350 euros al mes. "El poco dinero que tengo me lo guardo para pagar la habitación y la comida la vengo a buscar aquí", dice mientras señala la cola que se forma frente el Servei d'Atenció a Inmigrants, Emigrants i Refugiats de Barcelona (SAIER) y que ahora se ha reconverido en un espacio donde el Banc dels Aliments en colaboración con la fundación del chef José Andrés dispensa comida precocinada a las personas más necesitadas. Jesús, el siguiente en la cola, escucha la historia de Manuel. "Yo estoy igual, trabajaba en la construcción pero ahora no hay nada, aunque tengo la suerte de que mi casero me ha perdonado este mes de la habitación", explica.
Son las diez de la mañana y ya son unas cincuenta las personas que esperan con ansia la llegada del camión con la comida. "Cada día somos más", dicen. Apenas una hora después llega el camión. Las trabajadoras sociales reparten los turnos al ya centenar de personas que se sitúan en distintas colas por la plaza. En medio de ellas está Marina, con unas gafas de sol que esconden otro rostro más de la cruda emergencia social. "Tengo una carrera, un máster, hablo cinco idiomas... y aquí estoy", relata. De origen ruso, lleva una veintena de años en Barcelona y ahora se ha visto en el paro. "No he cobrado nada aún, tengo suerte de que vivo en el piso de mi exmarido, pero no sé cómo voy a pagar los recibos de la luz y el agua", explica. 

"La familia me echó"

Con la espalda curvada, y sentada en un banco, Angélica se une a la conversación. Nacida en Ecuador, lleva más de 25 años en Barcelona cuidando a personas mayores. "Yo era interna, vivía en casa de la señora a la que cuidaba, peró murió de coronavirus y la familia me echó", dice con los ojos vidriosos. Se quedó a la vez sin casa y sin trabajo. "Un vecino me acogió por un tiempo, pero es que ahora no sé dónde encontrar trabajo", añade.
El primero de la fila es Lluís, que aguarda en su posición desde las nueve de la mañana. Él sufrió hace diez años la crisis inmobiliaria y ahora lleva ya dos meses esperando una prestación de desempleo que no llega. Empresario textil de Sant Pol de Mar (Maresme), perdió la empresa y la casa en el 2008. "Hace dos años me contrató una empresa de viajes en el aeropuerto, pero ahora nos han hecho un erte y aún no he cobrado". Vivía en un piso de alquiler, que dejó para trasladarse con un amigo a El Prat de Llobregat. "Como no estoy empadronado allí, los servicios sociales me recomendaron que viniera a Barcelona para comer; es que no tengo ahorros para ir tirando". Cada día, a las nueve de la mañana, coge un autobús que le traslada hasta la plaza de Espanya. "Por eso soy el primero en llegar, no tengo nada más que hacer", suelta. Él no sufre tanto por lo que está viviendo ahora como por el futuro que le espera. "Si nos quedamos sin turistas, si perdemos esta temporada estival ¿me quedaré sin trabajo?", se pregunta.

 En el comedor social de la avenida del Paral·lel, habitual de personas que viven en la calle, la cola se hace interminable. "Cada día llegan más personas y a muchas de ellas no las habíamos visto nunca por aquí", expone una trabajadora. Entre ellas, señala a tres mujeres de origen filipino, con dificultades para entender el español, que esperan su turno. Explican que trabajan en la limpieza doméstica, pero que ahora el trabajo se ha terminado. Igual panorama vive Sabina, paraguaya sin papeles. "Llevo dos años aquí limpiando casas, pero ahora ya no hay nada", explica sosteniendo en brazos a su hija de tres años en una cola de reparto de alimentos instalada en la calle de Bolívia, en el Poblenou.
 Ellas viven en un piso de 90 metros cuadrados con siete personas más, todos paisanos de Paraguay. "El alquiler nos cuesta 900 euros, ahora lo estamos pagando entre todos con lo poquito que tenemos, por eso venimos aquí", cuenta otra compañera del piso, Virginia. Ella trabajaba en una panadería, hasta que se ha visto en el paro. "Aún no he cobrado nada, y vivía al dia, por esto estoy aquí: siempre he trabajado, es la primera vez que estoy en la cola del banco de alimentos", lamenta. Virgina reconoce tener "serios problemas" para conciliar el sueño. Sabina pronostica que a su hija vivir encerrada con tantas personas en casa "le va a pasar factura". "Solo espero que todo esto dure poco, porque de lo contrario no sé cómo vamos a aguantar", susurra.

 

 

 

 

 

Durante toda la mañana, decenas de personas hacen cola ante el comedor social de la avenida del Paral·lel, en Barcelona / Ferran nadeu

El 40% más de peticiones

Es la incógnita también para el Banc dels Aliments y la Creu Roja. Antes del coronavirus, el Banc repartía cerca de dos mil toneladas de comida al mes para unas 350.000 familias. Si la semana pasada el número de peticiones creció el 30%, esta semana ya se sitúa en el 40%, y la aportación del mes de abril superó las 3.000 toneladas de comida repartidas. 
Los datos de la Creu Roja en Catalunya son también aplastantes. "Cada semana tenemos 10.000 personas más que  vienen para comer", comenta el coordinador de la entidad, Enric Morist. "La situación ahora es de extrema emergencia, y las entidades de ayuda humanitaria no la podremos sostener durante mucho tiempo", expone.
"La demanda crece día tras día y no vemos ningún límite. Ahora mismo, no podemos llegar al cien por cien de las necesidades alimentarias, las entidades sociales se han multiplicado, estamos abasteciendo las redes vecinales y es imposible ofrecer todo lo que nos piden", expone el director del Banc, Lluís Fatjó. La entidad está haciendo ahora aproximaciones de la comida que pueda necesitar hasta el mes de septiembre. "Nuestro talón de Aquiles está en el almacén, no tenemos espacio para toda la comida que necesitaremos", lamenta Fatjó.

Elisenda Colell elperiodico.com

domingo, 2 de junio de 2019

A quién amo no es tu problema o tu decisión


Son demasiados los que exigen un mundo regido por sus normas, censurando todo aquello que escapa a su mirada sesgada. La intolerancia sigue ahí. Como una larva que la humanidad no acaba de matar. A veces se convierte en una plaga de gusanos que paren leyes, persecuciones, cárceles y muertes. En otras ocasiones se viste de una dolorosa cotidianeidad. Desde una mirada de desprecio hasta un silencio impuesto o un currículo enviado a la papelera sin ser considerado. Personas tachadas por vivir fuera de una supuesta normalidad que da lecciones de amor cuando solo destila odio, sufrimiento y una insoportable irracionalidad. El primer trimestre de este año se registraron 35 agresiones homófobas en Catalunya, el doble que el año anterior. ¿Por qué se meten?

Dejen amar, Emma Riverola, elperiodico.com

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Barcelona under pressure


Realmente es necesario venirse a Barcelona a realizar el consejo de ministros?
Tanto Vox como los CDR  han conseguido, que en lugar de hablar de los acuerdos positivos, se hable sólo de Seguridad.
Han conseguido borrar del mapa la política.

Foto Albert Bertran, Mosso d´esquadra, elperiodicodecatalunya.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Freddie Mercury, un auténtico sheer heart attack



¿Porqué lo amo tanto?

Algunas veces me pregunto porqué amo tanto a Freddie Mercury, porqué me fascina escucharlo en entrevistas, y en especial escucharlo y verlo moverse por el escenario en los conciertos en directo, por muchas veces que los haya visto (gracias youtube y a las personas que los cuelgan).

Porqué es el único cantante que todavía me mueve por dentro después de tanto tiempo, sin perder intensidad.

Ahora lo sé. Es porque se deja el alma de principio a fín, en el escenario y en su vida. El corazón se le sale por la boca en cada canción.

Puedo decir que cada día lo echo más de menos. Forma parte de mi vida de una manera importante y lo sigue haciendo.
Es un músico brillante, con una voz y una personalidad elegante y sexy.

Hasta los ovarios estoy de tantos cantantes testosterónicos machistas!
Los reggaetones, pura caca.