Mientras el Egeo se convertía en tumba, el director de Frontex,
Fabrice Leggeri,
máxima autoridad policial de las fronteras exteriores de la UE, se
hartaba de repetir que las oenegés favorecían el 'efecto llamada' y la
entrada de terroristas. "Me llenó de rabia al ver la inacción deliberada
–admite
Camps–. La UE había decidido mirar hacia otro lado".
Rebobina al 2012,
cuando Alemania –alarmada por los ocho nacimientos por cada mil
habitantes– concluyó que necesitaba un millón de personas, y zas, en el
2015
Merkel aparece dispuesta a 'jugarse el cargo',
recibiendo a los refugiados con los brazos abiertos. "Cuando se invirtió
la pirámide poblacional –echa cálculos–, se firmó el acuerdo con
Turquía y cerró puertas. ¿Quién generaba el 'efecto llamada' del que
hablaba
Leggeri?".
Italia, receptora de la mayor presión migratoria, entra en
precampaña. Si seguían desembarcando inmigrantes, la ultraderecha
tendría argumentos. "Para que Italia dejara de rescatar, Europa debía
empoderar a Libia, defender que actuaba dentro del derecho internacional
y que su Guardia costera era capaz de resolver problemas en 350.000
kilómetros cuadrados de agua".
Podía colar, salvo que Naciones Unidas afirmaba que Libia no era
segura y que contravenía el convenio marítimo. También levantó la voz el
responsable de la International Maritime Organization (IMO), aunque
duró poco en el cargo. Solo quedaban las oenegés, con periodistas y
políticos a bordo, que se encargaban de denunciar que la UE pagaba "a un
grupo armado para que interceptara las pateras en aguas internacionales
y, contra su voluntad, los devolviera en caliente a Libia, donde los
esclavizan, violan y torturan".
Libia, sostiene
Camps, se convertía en "el campo de concentración de Europa".
De las críticas, dice el fundador de Proactiva, pasaron a intentar
cortar la fuente de financiación. Les empiezan a llover insultos ultras y
son objeto de 'fake news'. Que si iban a las playas libias a cargar
gente, que si pagaban sistemas de comunicación para estos operativos,
que si los financiaba
George Soros y la Mafia.
Las oenegés eran 'traficantes' y punto.
Los supervivientes que antes relataban haber sido víctimas de
violaciones múltiples, pero haber comido, ahora explicaban haber sufrido
lo mismo, pero sin alimentos ni agua, con sarna y encerrados en
sótanos. "Por primera vez los rescatados no llegaban a tierra. Morían a
bordo".
Camps, que ya recibía amenazas de muerte en cinco idiomas
"Quien realmente está traficando es la propia UE", zanja
Camps.
"Pagan grandes cantidades para modificar flujos, retener personas y,
cuando estos gobiernos exigen más y no reciben, miran hacia otro lado y
abren las puertas". Sería el caso, sostiene, de
Mohamed VI, que deja salir a jóvenes del Atlas al ver que
Erdogan y
el presunto Gobierno de Trípoli hace caja, y él no. "¿Europa le tiene
que pagar ahora 180 millones para que no salgan más? ¡Eso se llama
'tráfico-de-personas', no tirarse al agua para sacar gente!".
Mientras los ministros driblan, la Guardia Civil es el mando único en
inmigración y la UE negocia el flujo humano con el Gobierno de Trípoli
("un grupo armado que ni siquiera tiene el control de Trípoli, al que
han decidido reconocer como a
Guaidó en Venezuela"),
salen de Libia 24.000 millones de dólares de petróleo, "el 74% más que
el año anterior". Saquen ustedes sus conclusiones.
Texto completo
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20190209/oscar-camps-acusa-a-europa-7288269
Oscar Camps saca los colores a Europa, Nuria Navarro, elperiodico.com.