Rokovoko. Una isla muy lejana hacia el oeste y el sur. No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca. Hernan Melville.
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jueves, 24 de marzo de 2022

Nueva Ley Trans: El monstruo del género ha parido otros más peligrosos / TITA BARAHONA

Lucha feminista radical, de clase social mujer, anticapitalista, anti generistaqueer.
 

Más de tres décadas han tardado las feministas más influyentes en darse cuenta del error que fue convertir el género en un monstruo conceptual; y de paso dejar que también sirviera para oscurecer la estructura de clases sobre la que se sustenta el capitalismo.

    Por TITA BARAHONA / REDACCIÓN CANARIAS-SEMANAL.ORG.- febrero 2021

   El lodazal de las “identidades de género”, que tiene empantanado en divisiones al feminismo, ha sido producto del barrizal que las propias feministas (más concretamente las académicas y políticas) armaron en la década de 1990, cuando entronizaron “el género” y lo convirtieron en una categoría caníbal que engulló al sexo, a las mujeres y al propio feminismo. Como en tantas otras ocasiones, se cumple el dicho “de aquellos barros, estos lodos”.

   Las mismas que empezaron a hablar de género en sustitución de sexo, de género en sustitución de mujeres (las de a pie nunca comprendimos por qué se nos sometía a este maltrato, que aún continúa); las que engordaron sus currículos y atrajeron subvenciones con los estudios de género; las que inspiraron las políticas de género”, las que legislaron sobre la violencia de género”, las que metieron la “perspectiva de género hasta en las ensaladas, ahora se lamentan de que se dé fuerza de ley a una ficción llamada identidades de género”.

   ¿Dónde estaban estas feministas cuando el género lo invadía todo, cuando el posmodernismo y su desvarío más reciente -la teoría queer– afirmaba que el sexo con el que nacemos no es un dato biológico sino un fenómeno cultural? Estaban cómodamente establecidas en sus sillones académicos, políticos y mediáticos, mirando por encima del hombro a quienes entonces advertíamos de que culturizando el sexo se corría el riesgo de naturalizar el género. Así ha sido. Y en absoluto nos alegramos.

   Las que fuimos ninguneadas no nos felicitamos de que el daño esté hecho. Tampoco las famosas, como Lidia Falcón, que siempre denunció la hipertrofia del género. Por cierto -dicho sea a título aclaratorio-, el postulado de la organización que preside esta veterana feminista de que las mujeres constituimos una clase social es contrario al marxismo que dicha formación se auto-atribuye (está mucho más en sintonía con el feminismo radical).

«TEORÍA QUEER» Y MARXISMO NO HACEN UN BUEN MATRIMONIO, AUNQUE DIGAN LO CONTRARIO QUIENES UNA VEZ FUERON COMUNISTAS

   Mucho más grave es declararse marxista -como hacen algunas “politólogas” de Izquierda Unida- y comulgar con las ruedas de molino idealistas y liberales de la teoría queer, que inspira la ley transgenerista de la ministra Irene Montero, así como las del resto de países donde llevan tiempo en vigor.

   La coalición Unidas Podemos no se conforma con haber transformado a la “izquierda” en un guiñapo (rematando la tarea que ya emprendiera el PSOE), sino que ahora también las feministas de la fagocitada Izquierda Unida (léase hundida) pretenden convertir a Marx en un trampantojo queer, lo cual no hace sino confirmar la miseria intelectual que ha generado el rodillo posmoderno en las Universidades donde estas “politólogas” han obtenido sus másteres.

UN LARGO CAMINO DE DESPROPÓSITOS

   Hace casi dos años publicábamos un artículo en el que tratábamos de explicar cómo fue posible que el género se convirtiera en una auténtica industria, por lo que no vamos a repetirlo. En otro más reciente analizábamos cómo el fenómeno trans-queer se estaba transformando en una fuerza política capaz de hacer ley e imponerla.

   Esa ley, la que ahora el gobierno español quiere aprobar, conocida como Ley Trans, es un disparate jurídico porque legisla sobre sentimientos, porque confunde deliberadamente sexo y género, porque toma al colectivo transexual -que merece tanto respeto como cualquier otro- como excusa para introducir el transgenerismo no sólo en la legislación, sino también en los programas escolares; porque convierte a niños y niñas en conejillos de indias para las corporaciones farmacéuticas, y porque supone peligros, ya experimentados en otros países, que analizábamos aquí y aquí.

   Pero no duden de que, pese a las dilaciones que se puedan producir en la tramitación de la ley, ésta será aprobada, como se han aprobado (con nula o mínima publicidad) otras similares en al menos diez Comunidades Autónomas, algunas gobernadas por el derechista Partido Popular. Porque, aunque la bandera de la Ley Trans la lleve la progresía de Unidas Podemos, genera un cauteloso consenso en todos los partidos con representación parlamentaria e incluso alegría en la extrema derecha anti-feminista, que ha volcado en redes sociales mensajes como:

   “Así que, si tengo que elegir bando [pro o anti ley trans], que se jodan las radfem/TERFs por haber promovido un sistema desigual con privilegios económicos y sociales por el mero hecho de ser mujer… Ahora han sido hackeadas”.

O este otro de una pope de Vox: “Nunca imaginé que el feminismo de Irene Motero sería nuestro mejor aliado. La violencia no tiene género…”.

DIRECTRICES DESDE ARRIBA Y PODEROSOS INTERESES ECONÓMICOS

   Si desde la década de 1980 la consigna del “género” vino de instancias supranacionales, filtrándose hacia abajo en toda la estructura institucional de los Estados, lo mismo está ocurriendo con el festival de los “géneros”. En 1995, la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, ya hablaba de “género y desarrollo”, y en 1998 la Comisión Europea definía la “perspectiva de género”. Dos décadas después, en 2019, la Agencia de la ONU para las Mujeres decidió que este organismo ya no estaría enfocado a los “derechos de las mujeres”, sino a la “igualdad de todos los géneros”.

   El género ha parido como conejo otros muchos géneros que también piden lo suyo; y ahí están las empresas farmacéuticas, médicas y biotecnológicas, las publicitarias, las cosméticas, de la moda, etc., para ofrecérselo.

EL SEXO BIOLÓGICO: LA REALIDAD A SUPRIMIR

   A partir de aquí, todo el mundo a obedecerel sexo no existe, se nos “asigna” al nacer -como dice el borrador de la ley- (quizás tirando una moneda al aire). La transexualidad, sin embargo, es innatacomo los géneros ¿Cuántos? Los que se quiera. El género se “autodetermina” y el sexo se puede cambiar a voluntad en el Registro (no así la edad o el lugar de nacimiento; no nos hagamos ilusiones).

   La Universidad Pompeu Fabra, en los impresos que han de rellenar los alumnos al matricularse, ya no pregunta por el dato del sexo, sino “¿Con qué género te identificas?” Y da cuatro opciones: “mujer, hombre, género no binario, prefiero no responder”. Lo mismo en otras universidades, que incluso amplían el abanico de géneros (fluidoepiceno y un largo etcétera). Según informaba recientemente Juana Gallego:

   “En las encuestas que se están haciendo en alguna Unidad de Igualdad se propone como identificación:  1. Sexo al nacer: Hombre, mujer o intersex.; 2. Género actual: Mujer, Hombre, No Binario, Queer u Otro”.

   En lo sucesivo no se podrán hacer estadísticas de cuántos chicos y chicas acceden a determinadas carreras. Y esto en muchos otros ámbitos. La desagregación estadística por sexos quedará en agua de borrajas.

UNA OFENSIVA IDEOLÓGICA PARA EL CONTROL SOCIAL DISFRAZADA DE «DERECHOS»

   El “género no binario”, es decir: el de quienes no se identifican ni como hombres ni como mujeres, ya tiene su Día Internacional conmemorativo. La ONU ha proclamado el Día de la visibilidad no binaria, con el eslogan “definir mi propio género es mi derecho humano”. El Ministerio de Igualdad español no ha tardado en dar a una empresa de amigos suyos 14.000 euros para realizar un estudio sobre este nuevo género a cultivar y promocionar en el mercado de las identidades sentidas.

   La Casa Blanca, con su actual inquilino, ya ha puesto en la página web institucional un desplegable en el que pregunta “Con qué pronombres quieres que se dirijan a ti?”, dando las opciones que, en castellano, corresponderían a “él, ella, le, la, elles, otros, prefiero no decir”. Recordemos que Joe Biden ya dijo que “La igualdad transgénero es el tema de derechos civiles de nuestro tiempo”. Y su Biden Foundation se ha aliado con dos grupos LGTBQ en una campaña que pretende “crear conciencia sobre la importancia de que la familia acepte a los jóvenes transgénero y de género no conformista”.

   Ya saben: estamos en el capitalismo inclusivo apadrinado por Lady Rothschild, también llamado en el mundo angloparlante capitalismo woke. Esto debería hacer pensar.

   Si tuviéramos un gramo de pensamiento crítico nos daríamos cuenta de que lo que aquí está en juego no son tanto los derechos del colectivo LGTB, como sobre todo la batalla ideológica del capitalismo global para engranar el individualismo egoísta y consumista en las masas.

   Tras décadas de estrategias para dividir a la clase trabajadora y borrar nuestra conciencia de clase, soterrada en las identidades de raza, género, orientación sexual, religión, etc., ahora, con el gran bazar de géneros en oferta, el capital está más cerca de alcanzar su sueño húmedo: hacernos creer firmemente en aquello que dijo Margaret Thatcher: “La sociedad no existe”; lo único que hay son pequeñas cápsulas identitarias que compiten entre sí en la jungla del “sálvese quien pueda”.

   A esto nos conduce la liberal y reaccionaria ideología trans-queer que han abanderado los partidos “progres” en todo el mundo. Cualquiera que exprese su discrepancia con esta locura y la neolengua que intenta imponer, será tratado como un bicho raro, en el mejor de los casos, o puesto en la picota (mediante multas, acosos, despidos e incluso retirada de la custodia de nuestros hijos) en el peor. Esta nueva Inquisición está ahí para prevenir que nadie se salga del guión: profesores, médicos, juristas, periodistas y otros profesionales pasarán por el aro, como han hecho en otros lugares.

LOS/LAS NADIES A QUIENES NO LLEGAN LOS DERECHOS

   Estaría bien conocer la opinión sobre el proyecto de Ley Trans de las mujeres y hombres que siempre han compuesto las bases de la lucha por la igualdad entre los sexos -dentro o fuera del feminismo-, si es que realmente se han enterado de qué va y qué implica. Personas anónimas a las que nadie invitará a ningún debate, pero de cuyas impresiones seguro que aprenderíamos mucho.

   La mayoría de estas personas son trabajadorasMujeres sobre todo que, en la actual crisis, están perdiendo sus empleos, sólo encuentran los más precarios, reciben pensiones u otras prestaciones que no alcanzan a la mera subsistencia, se hallan en riesgo de desahucio, de que le corten la luz, con personas dependientes que cuidar, y a las que los bancos, rescatados con dinero público, penalizan por tener poco dinero en la cuenta corriente. Al parecer los derechos de estas mujeres no son dignos de respetarse.

   La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha salido en defensa de la Lay Trans mintiendo descaradamente al afirmar que se ha hecho “con un amplísimo consenso social” y proclamando que España está “a la vanguardia en derechos sociales.

   Al parecer los derechos laborales no entran en esa categoría, porque aún estamos esperando que su ministerio derogue la lesiva reforma laboral; porque el gobierno del que forma parte no está haciendo llegar el Ingreso Mínimo Vital a quien lo necesita, prohíbe los desahucios pero sigue desahuciando y encima impone fuertes multas e incluso encarcela a quien se manifiesta contra ello. Los derechos de quienes hacen fila en los comedores sociales quedan fuera de protección. Y no importa que se trate de mujeres, hombres, transexuales, nacionales, extranjeros, gays o lesbianas.

   Tenemos mucho que perder si no nos organizamos, como clase, para revertir esta situación y poner en evidencia la hipocresía y las falacias de quienes van por el mundo de las altas esferas presumiendo de “inclusividad”, “transversalidad”, “diversidad” y “respeto a los derechos humanos”.

Sociología Crítica,  https://dedona.wordpress.com

jueves, 16 de diciembre de 2021

bell hooks, El feminismo es para todo el mundo


 

Su verdadero nombre es Gloria Jean Watkins, pero entrará en los libros de historia como bell hooks, así, en minúsculas, que es como pretende pasar ella por la vida para que lo que destaque no sea su figura, sino sus ideas. Y cuando entre en esos libros durante tanto tiempo vetados a las mujeres habrá logrado un triunfo mayúsculo, porque su lucha feminista no será teoría: será resultados.

Gloria Jean Watkins nació en un pequeño pueblo de Kentucky, Hopkinsville, en 1952. Media docena de hermanos (cinco chicas y un chico), un padre con un ajustado sueldo de vigilante, una madre ama de casa y una experiencia poco agradable en un instituto integrado plagadito de blancos (tras el paso por una escuela segregada) le hicieron tomar conciencia de que el lugar que le había sido asignado en el mundo no le iba a poner las cosas fáciles: negra, pobre y además mujer. Si en casos como el suyo el orden de los factores altera o no el producto es algo sobre lo que Gloria Jean, doctorada en Lengua Inglesa con una tesis sobre Toni Morrison, sigue reflexionando y, armada (y anclada) con el bagaje de bell hooks, escribiendo.

Porque bell hooks es un alias y un arma. Resulta de la combinación de las letras de los nombres y apellidos de su madre y su abuela, y la posiciona en el mundo y le da una perspectiva de análisis fundamental en su obra: la vivencia.

 

GRITO CONTRA LA OPRESIÓN

Casi dos décadas habían pasado desde la primera vez que hooks publicó un libro teorizando sobre la triple segregación -de raza, de clase y de género- que había sufrido en sus carnes ('Ain't I a woman? Black woman and Feminism', de 1981) cuando apareció en Estados Unidos la obra que, 17 años más tarde (¡17 años más tarde!), se acaba de publicar en castellano: 'El feminismo es para todo el mundo', 19 capítulos que abordan cuestiones como mujer y empleo, raza y género, el matrimonio y las relaciones de pareja, la educación feminista, la imposición de los cánones de belleza o la masculinidad feminista. Un libro con dos objetivos fundamentales: eliminar prejuicios en torno al feminismo y sacarlo de la academia para hacerlo llegar a las mujeres de la calle, ya que hasta entonces parecía una lucha exclusiva de las mujeres blancas burguesas, que rechazaban incluir el componente racial y el de clase en su reivindicación, pues creían que la descafeinaba.

 Y no solo a ellas. El título del libro hacía (hace) una llamamiento claro: el feminismo es un grito contra la opresión, y los hombres deben conocer y secundar este movimiento no solo porque les hará tomar conciencia de su responsabilidad en el sexismo, sino también porque ellos mismos son víctimas del sistema. Hooks no se cansa de repetir que la lucha debe ser conjunta porque el enemigo de la mujer no es el hombre, sino el patriarcado, de cuyo yugo él tampoco escapa.

 

¿REFORMISTAS O RADICALES?

La mirada de hooks se posa también sobre el propio movimiento: sobre la forma en que algunas mujeres perpetúan el machismo, sobre la necesidad de detectar -y comprender y denunciar- qué otras discriminaciones se superponen a la de ser mujer, sobre la diferencia entre las feministas reformistas, las que solo aspiran a alcanzar las cotas de poder de los hombres, y las radicales, las que tienen claro que «nunca van a conseguir la igualdad dentro del patriarcado supremacista blanco existente», escribe la activista. Las que no propugnan un feminismo antihombres, sino antiinjusticias. Curiosamente, las que suelen llevarse, hoy y aquí, el apelativo 'feminazis'. Las que más miedo dan al sistema. Os suena, ¿no?

 Porque el libro de hooks no solo habla de lo que pasaba en Estados Unidos hace 50 años: por desgracia, hace 20 años estaba hablando de hoy. No de allí, entonces, con ellas. De aquí, ahora, con todos. 

Imma Muñoz, oNbarcelona, elperiodico.com

foto bell hooks. GETTY

jueves, 25 de noviembre de 2021

J.K.Rowling: "Estamos atravesando el periodo más misógino que hemos experimentado"


 

Estamos atravesando el periodo más misógino que hemos experimentado.

Nunca hemos visto a la mujer más denigrada y deshumanizada como lo es ahora.

`Mujer´no es una idea en la cabeza de un hombre.

El generismo queer ha conseguido que defender algo tan básico como diferenciar sexo y género,cuestión básica del feminismo desde hace 300 años, nos haga objeto de acoso, violencia y señalamiento.

Ir a la raíz de la violencia que vive la mujer es lo único eficaz para erradicarla. Lo que es populista, e hipócrita, es rasgarse las vestiduras por la violencia y luego reforzar todos los factores que la causan, desde género a religión. Y el momento de atajarla siempre es AHORA.

Hay una campaña mundial de difamación, desinformación y silenciamiento de las feministas abolicionistas. Nos están tratando de callar a quienes somos críticas con el género/sexismo social. Y esta violencia machista está quedando impune.

Sexo es la categoría biológica sobre la que se construye el sexismo. Género es la herramienta cultural de que se sirve el machismo para crear desigualdad.

Luchamos para eliminar todas las formas de discriminación contra mujeres y niñas que resultan de la sustitución de la categoría sexo por la de «identidad de género». Porque las violencias, desigualdades y discriminaciones que sufren niñas y mujeres están basadas en su sexo.

https://twitter.com/LauraRdondo

https://twitter.com/ContraBorrado

 http://luzpolardelartico.blogspot.com/2021/08/jkrowling-estamos-atravesando-el.html

lunes, 26 de abril de 2021

Las lesbianas existimos, aunque no nos quieran ver. 26 de abril Día de la Visibilidad Lésbica.


Mucha gente no sabe que la lucha por los derechos civiles de las personas LGTB fue iniciada por una lesbiana. Nueva York, Stonewall Inn, 28 de junio de 1969, Storme DeLarverie, según los testigos y ella misma, dio el primer puñetazo a la policía durante la revuelta de Stonewall. También fue ella quien gritó “¿Por qué no hacéis nada?” mientras se la llevaban esposada y la metían a empujones en un furgón policial. Su grito desencadenó las protestas que hicieron historia.

Sin embargo, apenas se la recuerda o se reconoce su figura dentro del imaginario colectivo LGTB. Recientemente, durante la conmemoración del 50 aniversario de Stonewall, seguía costando encontrar testimonios, documentales o libros que destacaran su papel.

Este “olvido” de una de las pioneras de la lucha por los derechos LGTB no debería extrañarnos, teniendo en cuenta la larga tradición del borrado de las mujeres a lo largo de la historia. Si las mujeres no hemos existido en el arte, en la literatura, en la ciencia, en la historia, las lesbianas todavía menos.

Por ello es importante reconocer la labor que realizan numerosos colectivos, historiadoras, periodistas, editoras, escritoras para recuperar la memoria de las mujeres lesbianas en el pasado. Porque recuperando nuestros referentes, haciéndolas visibles a ellas, nos hacemos visibles nosotras en el momento presente y marcamos el camino para las que vengan.

Precisamente el libro de Cristina Domenech, “Mujeres que se empotraron hace mucho”, y que pretende recuperar la memoria de las lesbianas en la historia, comienza con una cita de Safo que dice “Alguien, en el futuro, nos recordará”.

Y eso hacemos hoy, 26 de abril, Día de la Visibilidad Lésbica; las recordamos y las visibilizamos.

A lo largo de la historia las lesbianas hemos sido invisibles y en la actualidad somos invisibilizadas. Las lesbianas existimos, tenemos agenda propia y exigimos nuestro espacio dentro del movimiento LGTB y del movimiento feminista ya que hemos formado parte de ambos durante mucho tiempo. En este sentido, cabe recordar el papel del feminismo lésbico a finales de los años 70, una corriente teórica dentro del feminismo radical, que nace precisamente de la insatisfacción de las lesbianas con la segunda ola feminista y con el movimiento de liberación homosexual.

En España, las lesbianas estuvieron presentes en la lucha por la democracia desde la clandestinidad, en el movimiento de liberación homosexual, en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos en los años 80, con la ley de despenalización del aborto de 1985, en la erradicación de la violencia contra las mujeres en 2004 y en la conquista del matrimonio igualitario en 2005 y en el proyecto de Ley de Igualdad de trato y no discriminación que no llegó a ver la luz.

Siempre ha existido la doble militancia con el movimiento feminista, como mujeres que sufren opresión, y con el movimiento LGTB por la conquista de los derechos civiles.

No obstante, en la última década dentro del movimiento LGTB, se ha hecho más latente que las agendas se bifurcan debido a varios motivos: en primer lugar, por la consecución de los principales logros de la agenda común (matrimonio igualitario, derecho a adoptar, entre otros), en segundo lugar, por las posibles contradicciones en determinadas demandas de las agendas de ambos movimientos y, en tercer lugar, por el auge del movimiento feminista en los últimos años a nivel internacional, que ha vuelto a  resituar el foco de muchas de sus prioridades.

Lo que sí es necesario dejar claro en un día como hoy es que las mujeres lesbianas tenemos nuestra propia agenda. Siempre la hemos tenido, y muchas de nuestras reivindicaciones siguen ahí: Las lesbianas seguimos sin tener acceso a los tratamientos de reproducción asistida en la Sanidad Pública en todas las Comunidades Autónomas, y cuando lo tenemos hay una lista de espera tan larga que la mayoría opta por ir a clínicas privadas. Por ejemplo, el método ROPA (cada vez más demandado entre parejas de mujeres) solo es accesible a través de la sanidad privada. Por otro lado, cuando decidimos formar una familia, las lesbianas tenemos que adoptar a los hijos e hijas nacidos de la relación de pareja si no estamos casadas. No ocurre lo mismo con las parejas formadas por personas de distinto sexo.

Además, como minoría entre las mujeres y en el movimiento LGTB, carecemos en gran medida de protocolos ginecológicos y de prevención de las ETS adaptados a la realidad de las relaciones lésbicas. También es necesario que la realidad sexual de las mujeres lesbianas tenga un mayor espacio en la educación afectivo-sexual.

Las lesbianas hemos practicado la doble militancia debido a nuestra doble discriminación; por pertenecer al sexo femenino y por nuestra orientación sexual.

Esta doble discriminación se debe a que las lesbianas no cumplimos el mandato que el patriarcado nos exige, por lo que la misoginia hacia nosotras es feroz. Sufrimos lesbofobia de diversas formas; cuando se nos acusa de ser “marimachos” negando nuestra identidad como mujeres o asegurando que somos menos mujeres por romper los estereotipos de género e incumplir los cánones de feminidad construidos por el heteropatriarcado. Somos víctimas de acoso sexual por parte de hombres cuando vamos de la mano por la calle con nuestras parejas y también son víctimas de lesbofobia los hijos e hijas de parejas lesbianas cuando dicen que tienen dos mamás.

Además, la invisibilidad de las lesbianas y el hecho de que les cueste más salir del armario, tal y como afirma el “Informe de delitos de odio e incidentes discriminatorios al colectivo LGTBI” de 2018 elaborado por la FELGTB, dificulta que éstas interpongan denuncias o pidan información ante delitos de odio. De ahí que sean necesarios estudios específicos sobre la realidad de las lesbianas dentro del movimiento LGTB y campañas de visibilización.

Hasta hace poco también éramos prácticamente invisibilizadas en los medios de comunicación y en la cultura de masas. Cada vez es más frecuente encontrarse lesbianas en el cine y en la televisión, especialmente en series para todos los públicos. Por desgracia las lesbi-tragedias o bollo-dramas siguen estando presentes en un alto porcentaje de los guiones. (Acuérdense de Los Hombres de Paco) Y no, tampoco somos como The L Word, ni pretendemos serlo.

En un día como hoy, tampoco podemos olvidar que ser lesbiana está perseguido en muchos lugares del mundo. En 68 de los 193 estados miembros de la ONU existen leyes que criminalizan los actos sexuales entre personas del mismo sexo; en muchos de ellos las lesbianas son sometidas a violaciones correctivas. Muchas de ellas acaban siendo víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Sí, las lesbianas somos minoría en ambos movimientos, pero no queremos ser una minoría mediática, política y social. Por esta razón, desde el año 2008, el 26 de abril se conmemora el día de la visibilidad lésbica, para vindicar una sociedad igualitaria en derechos y oportunidades para las lesbianas, condenar el machismo que sustenta la lesbofobia y potenciar nuestra visibilidad.

Pero, además de todo ello, en este momento, nuestros derechos, como mujeres y como lesbianas corren grave peligro ante el auge de la ultraderecha: las mujeres lesbianas somos el blanco perfecto para el discurso del odio, porque somos mujeres y porque amamos a otras mujeres. Somos lo más transgresor y opuesto a su modelo de sociedad tradicional y conservadora.

Este año, nuestra visibilidad tiene que hacerse ver en las calles, en las redes, en los medios, en nuestro entorno familiar y social pero, sobre todo, en las urnas. Para combatir todo contra lo que hemos luchado: el machismo y la LGTBfobia, más concretamente la lesbofobia.

Porque las lesbianas existimos. Y estamos aquí para que nadie nos arrebate nuestra libertad a amar y para seguir vindicando nuestros derechos. Para que nadie nos devuelva a la clandestinidad de Stonewall.

tribunafeminista.elplural.com

domingo, 11 de abril de 2021

Un lucrativo mercado: «la creación de la infancia transgénero en Estados Unidos» Josephine Bartosch

 

 

En Estados Unidos, la idea del hombre o la mujer hechos a sí mismos se toma muy al pie de la letra. Por eso está en auge un lucrativo mercado para quienes desean cambiar de sexo.

Josephine Bartosch The Post Millennial

Como buena británica cínica, admiro la actitud resolutiva de Estados Unidos. El sueño americano, la idea de que la gente puede ser lo que quiera, es liberadora y maravillosa. Pero tiene un inconveniente. En Estados Unidos, la idea del hombre o la mujer hechos a sí mismos se toma muy al pie de la letra. Por eso está en auge un lucrativo mercado para quienes desean cambiar de sexo.

Esto ya no es solo cosa de adultos. En la última década, el cambio lingüístico de «transexual» a «transgénero» ha «desexualizado» lo que antes se consideraba un trastorno psicosexual adulto. La modificación de los cuerpos para adaptarlos a un sentido declarado de «identidad de género» se extiende ahora a los niños. Así, con un truco del lenguaje, una nube de purpurina y una inyección de hormonas, nació en Estados Unidos la «infancia transgénero». ¡Alegría!

Desde penes protésicos de tamaño infantil que se meten en la ropa interior, hasta la franquicia multimillonaria generada por realities de gran éxito como I am Jazz, la industria de la infancia transgénero ha rebasado a las políticas, con lo que a los legisladores les cuesta seguir el ritmo. Cabría imaginar que el centro de toda preocupación sería la ética de medicar y operar a niños y niñas para aliviar su angustia mental, pero es el impacto en el deporte lo que ha capturado la imaginación del público.

En atletismo, los repetidos triunfos de los varones biológicos que se identifican como chicas sobre chicas reales han hecho que el mantra de «las mujeres trans son mujeres» se quede un poco endeble. Ya ha habido una causa judicial en la que se cuestionó la imparcialidad de permitir la competición en base a la «identidad de género». En algunos Estados, empiezan a entrar en vigor leyes para garantizar que las chicas tengan la oportunidad de luchar y que las pruebas se dividan por el sexo físico.

con un truco del lenguaje, una nube de purpurina y una inyección de hormonas, nació en Estados Unidos la «infancia transgénero». ¡Alegría!

Las pruebas son claras, como explicó la doctora Emma Hilton, bióloga del desarrollo, en una revisión de 2019 de las directrices del Comité Olímpico Internacional: «Los varones corren más rápido, saltan más, lanzan más lejos y levantan más peso que las mujeres. Superan a las mujeres en un 10 por ciento en la pista de atletismo y en un 30 por ciento al lanzar varias pelotas… Los varones tienen alrededor de un 40 por ciento más de masa muscular, incluso si se tiene en cuenta la altura, y un 40 por ciento menos de grasa corporal».

A pesar de las diferencias materiales entre los cuerpos masculinos y femeninos, la American Academy of Pediatrics (AAP) se ha pronunciado para «oponerse a las políticas públicas» que buscan segregar la participación en el deporte por sexo. Se ha planteado que las políticas destinadas a garantizar que las mujeres y las niñas no estén en desventaja «perjudican a la juventud transgénero». Aparte de que tanto el deporte como las políticas públicas están fuera de las competencias de los pediatras, cabe preguntarse por qué un organismo profesional parece adoptar una línea ideológica en lugar de un enfoque basado en la evidencia.

La declaración de la AAP comienza así: «Con alarma y consternación, los pediatras han visto cómo se promueven proyectos de ley en las legislaturas estatales de todo el país, cuyo único propósito es amenazar la salud y el bienestar de la juventud transgénero».

Termina quejándose de que los intereses de la «infancia transgénero» no deben ser politizados, desvirtuando un poco el foco al prometer luego «luchar Estado por Estado, en los tribunales y en el ámbito nacional».

Se trata de una postura inusualmente emotiva para una organización profesional no partidista. La AAP, que incluye a la farmacéutica Pfizer como empresa patrocinadora de su Programa CATCH, cree sin duda que la curiosa y reciente aparición de la infancia transgénero es simplemente la profesión médica que está liberando a los niños y las niñas para que sean su «auténtico yo».

En un documento expositivo publicado por la AAP, titulado con toda naturalidad «Garantizar la atención y el apoyo integrales a la infancia y adolescencia transgénero y de género diverso», se afirma que los bloqueadores de la pubertad son «tratamientos reversibles». Esta afirmación se hace pese a las frases que siguen y que describen numerosos riesgos, entre los que se incluyen «una menor autoestima» y la falta de investigación sobre el impacto en «el metabolismo óseo y la fertilidad.»

En los últimos años han dimitido muchos profesionales del principal servicio de atención a la identidad de género (GIDS) del Reino Unido, y muchos de ellos mostraron su inquietud por la influencia de los grupos de presión y el enfoque de terapia «afirmativa».

A pesar de la escasez de pruebas clínicas, de la creciente preocupación de los legisladores federales y del aumento de las comunidades de personas que «detransicionan» en todo el mundo, la AAP está decidida a defender la idea de que el cuerpo de algunos niños y niñas necesita una intervención médica para que coincida con su autopercepción del sexo opuesto. Para la AAP, tanto si un niño ha pasado por una pubertad masculina como si no, debería recibir todo el apoyo para participar en competiciones deportivas de acuerdo con su «identidad de género», no con su sexo.

Mientras que en EE. UU. la AAP se ha pasado a hacer campaña, en el Reino Unido los profesionales de la salud tratan de distanciarse de los grupos de campaña transgeneristas. En los últimos años han dimitido muchos profesionales del principal servicio de atención a la identidad de género (GIDS) del Reino Unido, y muchos de ellos mostraron su inquietud por la influencia de los grupos de presión y el enfoque de terapia «afirmativa». Sus voces se han visto amplificadas por las recientes impugnaciones en los tribunales británicos.

Como señala Michael Biggs, profesor asociado de la Universidad de Oxford:

«La diferencia obvia es que en Estados Unidos la asistencia sanitaria está dominada por el sector privado, que tiene un evidente afán de lucro por promover fármacos y cirugías. En el Reino Unido solo hay un mínimo eco de esto: GenderGP, la clínica dirigida por Helen Webberley. Y nuestra estricta regulación la ha obligado a deslocalizar su negocio. De forma menos obvia, en EE. UU., los Estados dominados por el partido demócrata pueden obligar a las compañías de seguros a cubrir los fármacos y las cirugías para personas transgénero, por lo que, en efecto, el público en general está pagando sin saberlo esta medicalización».

«Luego está el contexto cultural: en Estados Unidos la derecha cristiana y la elección de Trump convirtieron el transgenerismo en un tótem tribal para los demócratas. En el Reino Unido, la oposición al transgenerismo surgió principalmente de las feministas de izquierda, por lo que las fuerzas políticas no se alinearon de forma tan clara, lo que dio lugar a que se abriera cierto debate sobre la evidencia. Asimismo, el panorama de los medios de comunicación británicos es más diverso, por lo que se dio cobertura a las opiniones críticas. En Estados Unidos, por el contrario, una vez que el New York Times y el Washington Post han decidido promover el concepto de ‘infancia transgénero’, no hay margen para la disidencia».

Tras una detallada investigación, en diciembre de 2020, tres jueces del Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido dictaminaron que el uso de bloqueadores de la pubertad para tratar a niños y niñas con disforia de género era «experimental.» El fallo se produjo en relación con la demanda presentada por Keira Bell, una joven detransicionada, y «la Sra. A», madre de una niña autista con disforia de género.

tres jueces del Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido dictaminaron que el uso de bloqueadores de la pubertad para tratar a niños y niñas con disforia de género era «experimental.»

Bell, una joven con un historial lleno de traumas, declaró a los periodistas congregados después de la vista: «Hago un llamamiento a la sociedad para que acepte a quienes no se ajustan a los estereotipos sexuales, y que no los empuje a una vida de medicalización y ocultación de lo que realmente son. Esto pasa por poner fin a la homofobia, la misoginia y el acoso a los que se enfrentan los que son diferentes».

El caso de Bell ha provocado un cambio de política en los servicios de identidad de género del Reino Unido. Las clínicas de todo RU tienen prohibido recetar bloqueadores de la pubertad a los menores de 16 años y existen restricciones de uso para adolescentes mayores. La comunidad médica británica se ha visto obligada a reflexionar sobre la noción de infancia transgénero y a cuestionar cómo surgió este fenómeno.

La diferencia entre el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, basado en un sistema de «gratuidad en el centro de salud», y el sistema privado de EE. UU., basado en un modelo dependiente de las compañías aseguradoras, también puede ser responsable de la divergencia en el tratamiento de los niños y las niñas que se identifican como trans.

«No entiendo por qué, pero parece que no hay límites éticos a lo que los médicos pueden hacer a estos niños y niñas», comentó Natasha Chart, directora ejecutiva de WoLF, una organización por la defensa de los derechos de la mujer. «Tenemos médicos estadounidenses que hablan con orgullo en público de provocar la menopausia a niñas de 14 años, Estados que permiten que niñas de 15 años se sometan a mastectomías electivas sin el consentimiento parental como parte del proceso de afirmación de género, y quién sabe lo que están haciendo con los niños».

«El seguro lo cubrirá ahora», continuó Chart. «Si el gobierno estatal tiene algún interés en las intervenciones médicas a menores, parece que es perseguir a los padres por negarse a la terapia afirmativa y, en su mayor parte, todos los pacientes han renunciado a su derecho a demandar. Eso es lo que significa el ‘consentimiento informado’ en un modelo de afirmación exclusiva: el paciente está prescribiendo de facto su propio tratamiento y asumiendo toda la responsabilidad de los resultados».

El abismo entre el enfoque del Reino Unido y el de Estados Unidos respecto a los niños y niñas que se identifican como transgénero parece crecer a diario. Que el presidente Biden haya nombrado a Rachel Levine —un pediatra de sexo masculino no conforme con el género y que se identifica como transgénero desde 2011— para el puesto de Subsecretario de Salud nos da a entender que Estados Unidos no va a cambiar ahora de rumbo. Levine defiende el «modelo afirmativo» de tratamiento para niños y niñas que se identifican como trans. No obstante, en Estados Unidos cada vez más asociaciones están empezando a cuestionar la noción de «infancia trans», pero, a diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido, el movimiento se encuentra en estado embrionario.

Toda la noción de «infancia transgénero» es política; impulsada por las fuerzas del mercado y la típica filosofía estadounidense de individualismo desenfrenado. Exportados por todo el mundo con mayor o menor éxito, algunos países se oponen a estos tratamientos que convierten a niños y niñas en pacientes medicalizados de por vida. En el Reino Unido, el carácter público de nuestro servicio de salud ofrece cierta protección, y empiezan a plantearse preguntas sobre cómo una idea tan controvertida llegó a integrarse en la política tan rápidamente. Hay un punto en el que debería ser posible estar de acuerdo con la AAP: la infancia no debería convertirse en un daño colateral de las guerras culturales que están desgarrando el mundo.

 tribunafeminista.elplural.com

domingo, 7 de marzo de 2021

Nuevas tácticas de ataque contra el feminismo, Pilar Aguilar


 

Mientras pudieron, nos ignoraron…
Su táctica durante años fue la de: “Hagamos como que no existen”.
Pero llegó un momento en el que ya no pudieron seguir haciéndose los longuis.
Entonces emprendieron nuevas maniobras: Los cafres, los machistas primitivos de siempre, los que aún no están en la “modernidad”, redoblaron insultos: “Feminazis” “Mal folladas”, “Feas”, “Machorras”, etc.

Cuando las cabezas menos brutas de las huestes patriarcales se percataron de que esas agresiones groseras y cargadas de odio, a la postre, no nos hacían gran daño, empezaron a elaborar otros planes más sofisticados.
Iniciaron, pues, una serie de maniobras diversificadas, aunque todas con el mismo objetivo: pudrir al feminismo desde dentro, inyectándole todo tipo de bacterias, virus, gérmenes nocivos, etc.

El protozoo tóxico más suave (y no específico contra el feminismo pues sistemáticamente se practica con todos los movimientos sociales) consiste en “comercializarlo” y banalizarlo. O sea, vender slogans sin gran contenido que desvirtúen los realmente subversivos.
En la misma línea, pero yendo más lejos, están quienes se dicen partidarios del feminismo, pero del “bueno”, o sea, “el de antes”. Resumen: no se oponen a que estudiemos ni a que votemos y, si me apuráis –en un rasgo de liberalidad que nunca sabremos agradecer bastante- ni siquiera se encabritan porque “vayamos a los toros con minifalda”. O sea, Bertín Osborne ya no canta lo mismo que Manolo Escobar… Ni Pablo Casado se opone a que su niña le dé pataditas a un balón, siempre que se las dé con un toque femenino y siempre que la nena respete jerarquías y, si el hermanito exige el balón, ella, en vez de tirárselo a la cabeza, se lo entregue inmediatamente, reconociéndolo como legítimo usuario de tal viril juguete…

Vendernos como reclamaciones nuestras lo que siempre han sido privilegios masculinos.

En esencia, esta maniobra es la que la reacción siempre practica: oponerse a cualquier avance en derechos, pero, cuando ya no pueden seguir resistiéndose porque la sociedad y las leyes les han pasado por encima, entonces claman: “¡Quietos, paraos! (en masculino, por supuesto, aunque nos lo digan a nosotras). Lo que hemos conseguido (porque inmediatamente y con total descaro se apropian de lo conseguido) era justo. Pero, exigir más es un desmelene, una locura, un exceso”.
O sea, aquello que dijo Marx: los reaccionarios admiten que hubo historia, pero aseguran que ya no la hay.
Pero, esta táctica, aunque les da algún resultado, no consigue minar el fondo de nuestra lucha porque nosotras seguimos blandiendo la lista de demandas, esas que van desde “Y mi calle pa cuando” hasta “Ni una menos”.

Han de recurrir, pues, a otros patógenos mucho más peligrosos: adulterar nuestros objetivos, sustituir nuestras demandas por otras.
Estas sibilinas tácticas se diversifican esencialmente en dos variantes:
1. Vendernos como reclamaciones nuestras lo que siempre han sido privilegios masculinos. Es la que emplean con la prostitución. Quieren hacérnosla tragar A) apelando a la libertad de las mujeres para prostituirse. Como si no viésemos el margen de “libertad” que tienen quienes lo hacen… B) alegando que, ante todo, piensan en el bienestar de las prostitutas (se cuidan, por supuesto, muy mucho de explicar las demandas concretas que exigen, claro).
2. Determinar que, en el feminismo, no solo cabemos todas, sino que también caben todos y todes. Es más: que los fines y las urgencias del movimiento ya no consisten en pedir nuestra igualdad en todos los terrenos, ni rechazar la doble jornada, ni protestar contra el ninguneo sistemático al que se nos somete, ni rebelarnos porque el cuidado de los demás recaiga en nosotras ni porque los trabajos feminizados sean subtrabajos basados en la explotación salvaje, ni por la escasez de ayudas y de leyes que nos protejan en aquello que necesitamos ser especialmente atendidas: maternidad, enfermedades ligadas a nuestro sexo, etc. etc. No, de eso nada. Se trata de apelar a nuestro corazón femenino (convenientemente engordado desde que nacemos) para que aceptemos que el bienestar ajeno es lo que importa y, por eso, hemos de acoger en nuestro seno materno a quien lo pida. Así, surgen enfebrecidos clubs de fans de colectivos maltratados (aunque sus demandas poco tengan que ver con las nuestras). Y vemos a chicas indiferentes ante los problemas de sus madres (cuidadoras a diestro y siniestro), de sus amigas (que sufren una presión constante para que complazcan a los chicos en todo lo que ellos reclamen) pero profundamente afectadas por los índices de prostitución de las personas trans (los de las nigerianas prostituidas no tienen glamour).

Estas tácticas son extremadamente peligrosas. Temibles, diría yo. Capaces, por ejemplo, de convertir el conato de estructuras de igualdad que haya en un pueblo en estructuras de “diversidad” con el aplauso entusiasta de chicas que, para mayor inri, se consideran feministas pero que no caen en el pequeño detalle de que el feminismo existe para luchar por las mujeres (lo que no impide, por supuesto, que otros movimientos luchen por lo que tengan a bien luchar y que el feminismo los apoye).
Y, por eso, tenemos que insistir incansablemente en esto: el 8M es el día de los derechos de las mujeres.

martes, 4 de agosto de 2020

Manipulando a Beauvoir, Najat El Hachmi


La manipulación de Simone de Beauvoir está llegando a niveles grotescos. Por las posturas que se defienden invocándola se diría que pocos han leído 'El segundo sexo', que de toda su obra lo único que se conoce es la frase: "No se nace mujer, se llega a serlo". Cuando la francesa hace esta afirmación en ningún momento se refiere a la identidad ni a una esencia innata intrínsecamente femenina. Todo lo contrario, se confronta con uno de los pilares fundamentales del patriarcado, el que justifica la opresión sistemática de las mujeres en base que una supuesta naturaleza.


Si leer los dos volúmenes del 'Segundo sexo' es demasiado, se puede ver una entrevista televisada disponible en Youtube donde la misma Beauvoir dice: "Ser mujer no es un don natural, es el resultado de una historia. No hay destino biológico ni psicológico que defina la mujer. Es una historia la que hace la mujer. Una historia que ha tenido como resultado su estatus actual. La historia de su infancia es lo que crea en ella algo que no es en absoluto un dato, una esencia. Que crea en ella lo que llamamos eterno femenino, feminidad". Es decir, que lo de "llegar a ser mujer" significa convertirse en sujeto oprimido, en una persona de segunda, condicionada por la situación que le viene dada. Esta situación está formada por un tejido denso de discriminaciones que se articulan sobre la biología de las hembras humanas. No puede ser, por lo tanto y menos aún desde un punto de vista feminista, un "llegar a ser" deseable porque lo que impone es una situación de subordinación, alienación, falta de posibilidades, derechos y libertades.

Una pintada de hace unos meses en París puede aclarar el concepto: "No nacemos mujeres, morimos por serlo". O el título del libro de Manon García: 'No nacemos sumisas, llegamos a serlo'. Nada que ver con defender ese "llegar a ser" como identidad, ni mucho menos, todo lo contrario: Beauvoir denunciaba que fuéramos encerradas en una feminidad que de innato no tenía nada.

Se puede estar de acuerdo o no con la francesa cuando niega la esencia femenina. Lo que no se puede es practicar la mala fe de hacerle decir lo contrario de lo que ella misma defendió.
elperiodico.com 


Cuando Beauvoir, decía "No se nace mujer, se llega a serlo", precisamente hablaba sobre el estereotipo que el patriarcado ha determinado que es ser "mujer". 

Nacemos hembras de la especie humana. Sí. Pero todo lo demás viene determinado por el patriarcado. La teoría de los géneros. "Mujer" es ser sumisa, "femenina", objeto sexual para los hombres, etc. 

La inquisición queer está manipulando estas palabras de Beauvoir, porque ellos, toman la parte literal de la cita, mujer "se llega a serlo". Es decir, por mis cojones, yo me pongo una peluca, o me dejo el pelo largo, me pinto los labios de rojo, me pongo tetas, (aunque dejo o no mi maravilloso y sacralizado pene) teatralizo histriónicamente lo que el patriarcado ha dicho que es ser "mujer" y ya soy mujer. 

De esto hablaba Simone de Beauvoir. De la condena del género y la construcción machista y misógina de lo que el patriarcado ha determinado que es ser "Mujer". 

Ella estaría horrorizada con la teoría queer. Como también por la manipulación de las mujeres con los vientres de alquiler. Cuando dijo “la libertad empieza por el vientre”, refiriéndose a que las mujeres debemos cerrar la fábrica de reproducción para el heteropatriarcado.  

Eso llamado "Mujer" es un útero paridor, un artefacto político, un objeto de uso, para el heterocapitalismo. Y con todo eso es con lo que quería acabar Simone de Beauvoir.
Berta